Volver a casa

Sentarme en una montaña frente a un bosque lleno de árboles, eso es para mí volver a casa.

Observar el manto verde que forman dándome la bienvenida, al tiempo que me recuerdan que ellos siempre han estado ahí.

Esto despierta algo que está latente dentro de mí, esa parte curiosa, infantil, aventurera…algo que está deseando salir, y es entonces cuando comienza un dialogo interior con todo mi cuerpo.

Siento como mis piernas se activan haciéndose fuertes, mientras suben por una montaña llena de piedras acogedoras que me invitan a seguir, mi diafragma se relaja y eso permite que mis pulmones se abran al máximo para no perderse ni una pequeña parte de ese aire que perciben como tan puro, mi corazón bombea tan fuerte que parece que va a salirse en cualquier momento, pero no, no pasa nada!!

Lo único que hace es hablarme y decirme que quizás mi ritmo debería ser más lento, así que lo escucho y paro.

Es entonces cuando al parar, observo el espacio que me rodea, tan igual y diferente de hace un momento. Respiro al tiempo que me pregunto, como algo natural puede estar tan perfectamente colocado.

Me molesta llevar los pies tan cerrados dentro del zapato, así que decido quitármelos, los pongo en contacto con la tierra esperando el descanso y al instante me lo agradecen.

Comienzo a andar y empiezan a quejarse, demasiado sensibles, poco acostumbrados a una superficie tan rugosa, les oigo decirme, quizás…si lo hicieras más a menudo…

Les doy un respiro colocandolos en el agua, un agua fresca reparadora que activa toda la circulación de mi cuerpo, al tiempo que me descubro riendo, suspirando, compartiendo, hablando…y me doy cuenta de que eso es lo que pasa en mí cuando estoy feliz.

A mi mente relajada llega un mensaje, uno de esos mensajes sabios que no sabes muy bien de donde sale, y es entonces cuando comprendo algo que he oido muchas veces pero no sé si habia llegado a comprender,  ahora si… ahora está muy claro.

EN NINGUN SITIO SE ESTA COMO EN CASA!!

 

 

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